viernes, 6 de septiembre de 2013


I. AMAMOS

Amamos para completar lo que nos falta.

Amamos para saldar las cuentas con nuestro pasado.

Amamos para encontrar una persona sobre la que podamos colgar nuestros sueños. Ese príncipe y esa princesa cuya imagen recibimos de nuestros padres, de nuestro entorno y que vamos alimentando diariamente.

Amamos para completar ese abismo de nuestras camas y el espacio insondable de nuestras casas, el infinito de nuestra existencia.

Amamos para rellenar nuestro vacío interior.

Amamos para sanar nuestra herida narcisista y la profunda herida de separación que conlleva nuestro nacimiento y nuestro proceso de individualización.

Amamos para recibir.

Es un error.

Nadie puede rellenar nuestros vacíos y sanar nuestras heridas de separación.

Amar es un acto de generosidad y de comunicación.

Supone dar más allá de nosotros mimos y poder callar para escuchar la voz profunda del otro.

Amamos para complicarnos la vida, para dar un salto más allá de nuestra comodidad y nuestro egoísmo.

El amado, la amada es una mano que se adelanta. Es un trampolín que te lanza más allá, donde nunca te atreverías a aventurarte tú solo.

No está aquí para hacerte la vida más fácil o más cómoda – aunque pueda producir estos efectos- . Está aquí para que te arriesgues, para que te atrevas a ir más allá.

Si no sientes el vértigo del riesgo, de lo desconocido, no estás amando.

Si no eres capaz de abandonar tu rincón tranquilo a otros espacios por descubrir no estás amando.

Si no puedes perder, no estás amando.

Si pretendes asegurar tu vida, no estas amando.

Si no eres capaz de callar y escuchar, no estas amando.

Si en su presencia, no fluye tu verdad más profunda, no estás amando.

Si no estás dispuesto a arriesgarlo todo, no estás amando.

Hay otras formas, otros sentimientos.

Podemos querer a quien nos acompaña, nos escucha, nos apoya, nos hace la vida más fácil, más cómoda o más segura.

Queremos como agradecimiento a lo que estamos recibiendo.

Pero ese sentimiento no nos trasforma.

Amar a alguien es una oportunidad. Un billete hacia el infinito. Elegimos entre la seguridad o el viaje a lo profundo.

La vida respeta nuestros miedos, nuestra seguridad, nuestra comodidad.

Las oportunidades pasan.

La vida espera el momento en que la soledad, la desesperación o el despego te lleven a la estación.
Es emocionante sentir que tus pies dejan de tocar el suelo. El viaje comienza

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