VII. TODO NOS HABLA
Cuando descubrimos la voz de nuestra
consciencia aparecen muchas otras voces. Cuando somos capaces de escuchar nuestra
sabiduría interna todo nos habla.
Al acallar nuestra mente y contemplar
cómo un papel en blanco el mundo que nos rodea podemos ser escritos. Somos
canales disponibles a la vida. Recibimos
la voz en los ojos de quienes miramos, en los animales, en las plantas, incluso
en las cosas inmateriales. Existen
mensajes guardados en las rocas, en los
edificios, en las habitaciones, en los objetos que tienen un pasado y han acompañado
distintas vidas. Todo nos habla y puede ser puede ser escuchado.
Al principio puedes percibirlo como sensaciones más o menos inconexas: una cierta
comodidad o incomodidad ante objetos o espacios concretos. Progresivamente
aparecen retazos de información combinados con
sentimientos asociados que se mantienen de forma más estable.
Posteriormente pueden aparecer mensajes más o menos completos.
Si continuas puedes interaccionar con
la energía que habita el mundo que te rodea. Puedes contemplar cómo te influyen
y también la capacidad que tienes para afectar su energía.
La energía que habita el mundo no
tiene una relación directa con el tamaño de los seres u objetos que nos rodea.
Espacios u objetos pequeños pueden estar muy cargados y lo contrario.
De alguna forma todos percibimos la
carga energética de los objetos y seres que nos rodean, de alguna forma todos
somos influidos por ella. Varía el grado de verbalización que podemos realizar
en función del grado de consciencia con que podamos percibirla.
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