miércoles, 14 de agosto de 2013


I. OBSTÁCULOS PARA LA CONSCIENCIA

Existen múltiples dificultades para el desarrollo de nuestra consciencias personal: nuestro ritmo de vida, el stress, la dispersión en que vivimos, la importancia de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías en nuestra vida, las adicciones, el incremento de la importancia del dinero, las relaciones de poder, etc. Seria innumerables las distintas atracciones que se ofrecen a nuestra atención y la casuística tan enorme que presenta el ser humano para vivir de espaldas a su propia sabiduría.           Voy a centrarme en uno de los que considero más importantes: vivir en el ego.

En las sociedades occidentales modernas, casi todos llevamos un niño herido dentro. Un porcentaje muy significativo de nosotros ha tenido una infancia más o menos problemática. Frecuentemente hemos sido desatendidos, no tanto en aspectos de manutención y subsistencia sino en términos emocionales. Hemos sido criados por padres que también tenían sus  traumas personales, que presentaban sus propias dificultades para amarnos, valorarnos, respetarnos, etc….Por ello, casi todos presentamos la típica herida narcisista.

Frecuentemente vivimos los sucesos de la realidad como una actualización de los traumas infantiles. Como estériles repeticiones de lo que no obtuvimos. Si no nos quisieron lo suficiente, vivimos en continua persecución del afecto de los demás, dejamos condicionar nuestra vida en su búsqueda y obtenemos frecuentemente una reedición actualizada del rechazo y de la falta de afecto. Si fuimos manipulados por alguno de nuestros progenitores vivimos nuestras relaciones con el miedo y más tarde la confirmación de volver a serlo por nuestras parejas, nuestros amigos… etc.

Existen múltiples causas de nuestra herida narcisista. Intentamos convivir con ella. Decirnos que ya pasó mientras se nos vuelve a abrir la herida tras cada relación. A veces, nos armamos de valor y nos sometemos a duras y largas terapias. Repasamos una y otra vez lo que sucedió, esperando que la luz de la razón espante los fantasmas como ocurre  en algunas películas.

En mi experiencia, hay una parte de nosotros en que podemos cicatrizar pero no curar del todo. Siempre habrá una zona donde será más fácil herirte, donde el dolor anide de forma recurrente. Podemos aprender a convivir con ello, pero siempre dejará una marca. Difícilmente,  seremos hombres y mujeres total y vitalmente sanos.

Pero podemos elegir. A veces podemos dejarnos llevar y sentir que no nos quieren lo suficiente, que no se nos valora, que no tenemos… Podemos vivir en el ego y seguir siendo que niños grandes que esperan de los demás o podemos quedarnos de pie y a pesar de todo lo vivido mostrar nuestra firme determinación a ser conscientes. Contemplarnos con el suficiente amor y compasión cuando caemos en el ego y necesitamos pero sin la complacencia de quedarnos allí. Eso estuve bien un tiempo, sentimos los beneficios asociados a la herida narcisista: la inocencia y la falta de responsabilidad de las víctimas, culpabilizamos  de los demás y en consecuencia nos sentimos  mejores que ellos, esperamos una recompensa divina tras nuestro dolor…

Quedarnos ahí no nos enseña, no nos hace avanzar. Podemos elevarnos como una persona que- al igual que los demás, una vez fue herido- pero, hoy mira más allá del dolor y escucha la voz que nos habla a todos.

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