I. OBSTÁCULOS PARA LA CONSCIENCIA
Existen múltiples dificultades para
el desarrollo de nuestra consciencias personal: nuestro ritmo de vida, el
stress, la dispersión en que vivimos, la importancia de los medios de
comunicación y de las nuevas tecnologías en nuestra vida, las adicciones, el
incremento de la importancia del dinero, las relaciones de poder, etc. Seria
innumerables las distintas atracciones que se ofrecen a nuestra atención y la
casuística tan enorme que presenta el ser humano para vivir de espaldas a su
propia sabiduría. Voy a centrarme en uno de los que considero
más importantes: vivir en el ego.
En las sociedades occidentales
modernas, casi todos llevamos un niño herido dentro. Un porcentaje muy
significativo de nosotros ha tenido una infancia más o menos problemática.
Frecuentemente hemos sido desatendidos, no tanto en aspectos de manutención y
subsistencia sino en términos emocionales. Hemos sido criados por padres que
también tenían sus traumas personales, que
presentaban sus propias dificultades para amarnos, valorarnos, respetarnos, etc….Por
ello, casi todos presentamos la típica herida narcisista.
Frecuentemente vivimos los sucesos de
la realidad como una actualización de los traumas infantiles. Como estériles
repeticiones de lo que no obtuvimos. Si no nos quisieron lo suficiente, vivimos
en continua persecución del afecto de los demás, dejamos condicionar nuestra
vida en su búsqueda y obtenemos frecuentemente una reedición actualizada del
rechazo y de la falta de afecto. Si fuimos manipulados por alguno de nuestros
progenitores vivimos nuestras relaciones con el miedo y más tarde la
confirmación de volver a serlo por nuestras parejas, nuestros amigos… etc.
Existen múltiples causas de nuestra
herida narcisista. Intentamos convivir con ella. Decirnos que ya pasó mientras
se nos vuelve a abrir la herida tras cada relación. A veces, nos armamos de
valor y nos sometemos a duras y largas terapias. Repasamos una y otra vez lo
que sucedió, esperando que la luz de la razón espante los fantasmas como
ocurre en algunas películas.
En mi experiencia, hay una parte de
nosotros en que podemos cicatrizar pero no curar del todo. Siempre habrá una
zona donde será más fácil herirte, donde el dolor anide de forma recurrente.
Podemos aprender a convivir con ello, pero siempre dejará una marca. Difícilmente,
seremos hombres y mujeres total y
vitalmente sanos.
Pero podemos elegir. A veces podemos dejarnos
llevar y sentir que no nos quieren lo suficiente, que no se nos valora, que no
tenemos… Podemos vivir en el ego y seguir siendo que niños grandes que esperan
de los demás o podemos quedarnos de pie y a pesar de todo lo vivido mostrar
nuestra firme determinación a ser conscientes. Contemplarnos con el suficiente
amor y compasión cuando caemos en el ego y necesitamos pero sin la complacencia
de quedarnos allí. Eso estuve bien un tiempo, sentimos los beneficios asociados
a la herida narcisista: la inocencia y la falta de responsabilidad de las
víctimas, culpabilizamos de los demás y
en consecuencia nos sentimos mejores que
ellos, esperamos una recompensa divina tras nuestro dolor…
Quedarnos ahí no nos enseña, no nos
hace avanzar. Podemos elevarnos como una persona que- al igual que los demás,
una vez fue herido- pero, hoy mira más allá del dolor y escucha la voz que nos
habla a todos.
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