lunes, 12 de agosto de 2013


I.                    ESTADOS DE CONSCIENCIA PLENA
IV. ESTADOS DE CONSCIENCIA PLENA
En ciertos momentos, alcanzamos una calma especial. Los pensamientos, los deseos y las necesidades se acallan y la consciencia se expande. Distinguimos momentos por la ausencia de preocupación, por la ausencia de pensamientos y la diáfana claridad con la que percibimos el mundo. Es un momento de luz, los objetos, el paisaje se perciben con una claridad que hace brillar las superficies, que pule los ángulos. El aire es limpio y dentro de nosotros solo hay vacío. Percibimos sin pensamientos, sin juicios y todo es jubiloso. La misma luz que puebla el mundo parece inundarnos a través de los ojos y somos únicamente  visión,  percepción,  luz.

Dejamos de tener una historia personal, dejamos de ser individualidad y de pronto somos uno con lo que nos rodea. Reparamos la escisión primigenia que nos arrojó a la existencia. Somos uno con la vida. El mundo que percibimos está dentro y fuera de nosotros. No hay resistencia, solo una extrema derrota a ser.

Dejamos de percibir la compartimentación del tiempo. No diferenciamos el pasado, del presente y del futuro. El pasado y el futuro no existen. La vida es un único momento consciente infinito y pleno. No existe nada más allá de esa gloriosa unión con la vida.

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