I.
ESTADOS
DE CONSCIENCIA PLENA
IV. ESTADOS DE CONSCIENCIA PLENA
En ciertos momentos, alcanzamos una
calma especial. Los pensamientos, los deseos y las necesidades se acallan y la
consciencia se expande. Distinguimos momentos por la ausencia de preocupación,
por la ausencia de pensamientos y la diáfana claridad con la que percibimos el
mundo. Es un momento de luz, los objetos, el paisaje se perciben con una claridad
que hace brillar las superficies, que pule los ángulos. El aire es limpio y
dentro de nosotros solo hay vacío. Percibimos sin pensamientos, sin juicios y
todo es jubiloso. La misma luz que puebla el mundo parece inundarnos a través
de los ojos y somos únicamente visión, percepción, luz.
Dejamos de tener una historia
personal, dejamos de ser individualidad y de pronto somos uno con lo que nos
rodea. Reparamos la escisión primigenia que nos arrojó a la existencia. Somos
uno con la vida. El mundo que percibimos está dentro y fuera de nosotros. No
hay resistencia, solo una extrema derrota a ser.
Dejamos de percibir la
compartimentación del tiempo. No diferenciamos el pasado, del presente y del
futuro. El pasado y el futuro no existen. La vida es un único momento
consciente infinito y pleno. No existe nada más allá de esa gloriosa unión con
la vida.
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