III.
¿CÓMO
DISTINGUIMOS LA VOZ DE LA CONSCIENCIA?
De entre todo el maremágnum de voces
que habita dentro de nosotros: unas definitivas, otras transitorias,
distinguimos la voz de la conciencia porque nos dice la verdad. La verdad es un
concepto difícil de mantener en las sociedades occidentales, donde los
convencionalismos, la buena educación, el deseo de agradar al otro, el miedo a
hacer daño, etc… nos impulsa a mantener una relación ambigua con la verdad.
Existe un concepto de lo políticamente correcto, existe una hipocresía mínima
socialmente aceptada que nos impulsa a controlar y modificar lo que decimos
dentro de un amplio margen donde reside la verdad.
Cuando preguntamos “¿Cómo estás? Solemos
encontrar respuestas estereotipadas, ambiguas, más o menos cercanas a la
verdad. Llevamos tanto tiempo manejándonos entre lo que podemos decir y lo que
no que, a veces, dudamos de nuestra propia realidad, de nuestra verdad.
La consciencia es la voz que te dice
la verdad. No te grita, no te conmina a realizarla, a asumirla, o a dejarte llevar por ella. Simplemente te
impulsa a ser consciente de tu realidad. A no olvidarte de quien eres y de lo
que anhelas.
Nuestro comportamiento puede o no
ajustarse a la verdad. La conquista de la sinceridad es un logro que solemos
pagar con una mayor soledad y un mayor vacío en nuestras vidas. El
mantenimiento de un trabajo, de unas relaciones sociales, de una familia, de
unos amigos, de una relación se logra con una sabio equilibrio entre verdad y
convencionalismo. Entre tu verdad personal y las reglas y normas sociales.
Un individuo que se dejase guiar por
la sinceridad en todo momento probablemente sufriría distintos conflictos sociales.
La verdad es un lujo que nos exige un tributo que hemos de pagar.
La consciencia no nos exige una vida
integra ni una sinceridad suicida. La consciencia sólo nos proporciona la luz
para contemplar una realidad verdadera. Independientemente de que nuestra vida
sea verdad o mentira. De que nos permitamos pequeñas mentiras, pequeños
convencionalismos o grandes engaños. Lo importante es que cada individuo sea consciente de su verdad. La verdad es una
meta a la que dirigir nuestra vida, a la que acercar nuestros pasos.
Conforme la escuchamos la voz de la
consciencia va fortaleciéndose. Se convierte en un amigo interior. Nos
acompaña.
No siempre podemos prestarle
atención. A veces existe tanto dialogo exterior, interior, tanta información
recibida a través de los medios de comunicación, tantos intercambios a través
de las nuevas tecnologías que la perdemos de vista.
La consciencia no nos juzga. La
consciencia nos espera. Es inevitable y por tanto , ineludible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario