viernes, 9 de agosto de 2013


III.                  ¿CÓMO DISTINGUIMOS LA VOZ DE LA CONSCIENCIA?

De entre todo el maremágnum de voces que habita dentro de nosotros: unas definitivas, otras transitorias, distinguimos la voz de la conciencia porque nos dice la verdad. La verdad es un concepto difícil de mantener en las sociedades occidentales, donde los convencionalismos, la buena educación, el deseo de agradar al otro, el miedo a hacer daño, etc… nos impulsa a mantener una relación ambigua con la verdad. Existe un concepto de lo políticamente correcto, existe una hipocresía mínima socialmente aceptada que nos impulsa a controlar y modificar lo que decimos dentro de un amplio margen donde reside la verdad.

Cuando preguntamos “¿Cómo estás? Solemos encontrar respuestas estereotipadas, ambiguas, más o menos cercanas a la verdad. Llevamos tanto tiempo manejándonos entre lo que podemos decir y lo que no que, a veces, dudamos de nuestra propia realidad, de nuestra verdad.

La consciencia es la voz que te dice la verdad. No te grita, no te conmina a realizarla, a asumirla, o a  dejarte llevar por ella. Simplemente te impulsa a ser consciente de tu realidad. A no olvidarte de quien eres y de lo que anhelas.

Nuestro comportamiento puede o no ajustarse a la verdad. La conquista de la sinceridad es un logro que solemos pagar con una mayor soledad y un mayor vacío en nuestras vidas. El mantenimiento de un trabajo, de unas relaciones sociales, de una familia, de unos amigos, de una relación se logra con una sabio equilibrio entre verdad y convencionalismo. Entre tu verdad personal y las reglas y normas sociales.

Un individuo que se dejase guiar por la sinceridad en todo momento probablemente sufriría distintos conflictos sociales. La verdad es un lujo que nos exige un tributo que hemos de pagar.

La consciencia no nos exige una vida integra ni una sinceridad suicida. La consciencia sólo nos proporciona la luz para contemplar una realidad verdadera. Independientemente de que nuestra vida sea verdad o mentira. De que nos permitamos pequeñas mentiras, pequeños convencionalismos o grandes engaños. Lo importante es que cada individuo  sea consciente de su verdad. La verdad es una meta a la que dirigir nuestra vida, a la que acercar nuestros pasos.

Conforme la escuchamos la voz de la consciencia va fortaleciéndose. Se convierte en un amigo interior. Nos acompaña.

No siempre podemos prestarle atención. A veces existe tanto dialogo exterior, interior, tanta información recibida a través de los medios de comunicación, tantos intercambios a través de las nuevas tecnologías que la perdemos de vista.

La consciencia no nos juzga. La consciencia nos espera. Es inevitable y por tanto , ineludible.

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