miércoles, 7 de agosto de 2013


I.

No hemos venido al mundo para ser felices. Estamos aquí para desarrollar nuestra consciencia.

Venimos a la vida con una consciencia determinada. Todo lo que nos ocurre en la vida conspira para desarrollar nuestra consciencia.

Podemos definir la consciencia como la capacidad por desarrollar una percepción más total y profunda de la realidad que nos rodea a través de nuestra visión interior.

En el  “espacio” de donde procedemos todo lo que va a estar vivo forma parte de una única consciencia universal, atemporal, presente. Cuando nacemos un pequeño fragmento de esa consciencia universal se separa y se encarna en un cuerpo. El recuerdo de esta separación constituye un trauma universal de todo ser vivo y por ende de todo ser humano. La angustia de separación y de soledad es el trauma más universal y doloroso que hemos de afrontar. Todas las experiencias vitales que nos lo recuerdan y que nos acercan al mismo nos hace vivir de nuevo el desazón y el dolor asociado a esta experiencia primigenia.

La felicidad es una meta ilusoria. La felicidad es algo pasajero, dependiente de factores ajenos a nosotros mismos. Es un pequeño premio. El amanecer de un día soleado.  Al igual que no está en nuestra mano el paso de las nubes  y de los frentes de lluvia tampoco podemos forzar, agarrar o apresar la felicidad.

Sólo podemos desarrollar nuestra consciencia. En el momento de nuestra muerte, en medio de terribles miedos de desaparición irreparable y definitiva, nuestra consciencia vuelve a unirse con esa consciencia universal que de esta manera es enriquecida. Ese es el milagro y el único sentido de nuestra existencia.
La realidad nos dirige siempre en el sentido de nuestro desarrollo. Nos fuerza a cambiar y ampliar nuestra visión del mundo. Si nos resistimos nos vapulea con nuevas experiencias cada vez mas dolorosas. Si no aprendemos nos fuerza a pasar una y otra vez por una misma experiencia básica repetida en distintos personajes y escenarios. No existe otra salida que la transmutación interior: el desarrollo de la consciencia.

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