viernes, 4 de octubre de 2013


XIII. TODOS TENEMOS UN PLAN:

Desde nuestra infancia.  Desde el nacer de nuestra consciencia todos tenemos un plan de vida.  Un mapa de nuestro camino a desarrollar. Las líneas maestras de nuestros objetivos y de las acciones necesarias para llevarlo a cabo.

Dicho plan no dibuja necesariamente el éxito en nuestra vida. De alguna manera, nacemos con una carga emocional y energética determinada. Por otro lado, en los primeros años de nuestra vida somos especialmente receptivos y damos por verdad todo lo que nos rodea.  Asumimos como absolutamente ciertos y verdaderos los mensajes conscientes e inconscientes, verbales y comportamentales que recibimos de nuestros progenitores y de nuestro ambiente más cercano. Somos incapaces de cuestionar y aceptamos todo como válido. Simplemente porque dependemos vitalmente de las personas que los emiten.  En función de estos aportes nos hacemos un plan de vida. Describimos el objetivo, el camino y la forma de recorrerlo.

Si en nuestro entorno hay cosas que no funcionan, las incorporamos como válidas en nuestro mapa del tesoro.  Si las relaciones entre nuestros padres no funcionan, si nuestra madre es superprotectora y castradora, si la culpa puede palarse o la falta de libertad y autonomía está presente, etc., quedan incorporadas al dibujo de nuestra trayectoria vital.

Invariablemente, tendemos a ser fieles a nuestro plan de vida. Si hemos incorporados elementos negativos y los hemos dados como válidos, producirán su efecto. Luchamos y trabajamos por conseguir algo que nos conduce al dolor y al sufrimiento.  Nos esforzamos por encontrar la felicidad y topamos con las mismas piedras una y otra vez. Nos sentimos frustrados y vitalmente cansados, sabiendo que el próximo esfuerzo nos conducirá a una situación parecida.

Por eso, es necesario poner consciencia en nuestro plan más profundo. Para desactivar las cargas de profundidad que están encerradas en él. Para evitar que nuestro trabajo y esfuerzo nos traiga la infelicidad. A veces no entendemos lo que nos pasa. Somos incapaces de comprender lo que falla. Nos implicamos completamente en construir una realidad mejor y todo lo que construimos tiene una grieta, un pilar que falla.

Debemos mirar adentro y contemplar – desde una neutralidad suficiente- los mensajes que se cruzaban a tu alrededor, en tu infancia. Cómo se trataban entre si tus padres, como reaccionaron a tu llegada, que frases comunes y repetidas expresaban sobre el sentido de la vida y la justicia del mundo. Conforme puedas recordarlas y relacionarlas con tu camino de vida, podrás hacerte consciente y empezar a reducir el poder de creación que encerraban. De alguna manera, han ido condicionando tu existencia y tus posibilidades de ser feliz. Has mantenido una fidelidad a tu pasado que te limita.

Libérate. Pon conciencia a los mensajes y modelos del pasado y dejan que partan.  Aflora tu plan inconsciente de vida y serás libre para comenzar a crear una realidad distinta.  Sé libre de tu pasado. Vive con plenitud.

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