miércoles, 23 de octubre de 2013


XVII. SILENCIO:

Algunas veces te callas para escuchar la voz de tu conciencia.  Añoras la voz de Dios que pronunciaba tu nombre entre las cosas y sin embargo, sólo escuchas silencio.

Como si hubieses llamado a un número equivocado, como si la línea estuviese ocupada.

En ese momento el silencio es total. Ni siquiera un zumbido.Solo el eco de tus llamadas resonando entre la conciencia. El vacío que muestra sin pudor la más absoluta soledad.

Echas de menos la voz, la presencia, la compañía. Has de seguir andando sin ayuda. Las tinieblas a tu alrededor.

¿Por qué Dios nos deja solos? La libertad suprema conquistada en la exquisita soledad.

No hay señales en el camino. Caminas como un niño, sin ver donde conduce el sendero.

Te sientes responsable de no ver. Responsable de haber perdido la voz, la comunicación.

¿En qué momento te separaste? ¿En qué momento abandonaste la senda y te perdiste?

La soledad del hombre que ha perdido la divinidad, que ha sido expulsado del paraíso. Angustia del hombre que clama y espera ver. Paciencia del ciego que espera ser curado. Oración al infinito.

Seguir andando sin confianza. Esperar. Esperar su perdón.

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