lunes, 14 de octubre de 2013


XVI. SEPARACIÓN.

Nuestra consciencia individual, escindida de una consciencia universal tiende al regreso. Dispuesta a recordar el camino de vuelta y enriquecida por el proceso vital, volver a fundirse en esa consciencia cósmica universal.

No toda la consciencia regresa de forma fluida. El proceso no siempre es fácil. Existe una tendencia a la disgregación, a la separación de la consciencia. Este factor es visible en las manifestaciones negativas de nuestro mundo. En lo que vulgarmente llamamos: el mal.

El mal no existe por sí mismo. No sobrevivirá eternamente. Es una resistencia a la unión última, a la redención en la conciencia universal.

Pero al igual que el agua no puede ser detenida indefinidamente por nuestras manos, la consciencia tiende a fundirse en la corriente universal de consciencia. Encontrará el camino. Aunque nos separemos y odiemos. Aunque nos sintamos sólos y culpables. Aunque nos resistamos al amor y la consciencia que habitan nuestro interior. Sólo retrasaremos el camino. Haremos más arduo el aprendizaje. Necesitaremos más experiencia.

Estamos abocados a la sabiduría y al amor. Estamos destinados al aprendizaje y la apertura.

El mundo tiende a confirmar nuestros deseos. Nos apoya en nuestras peticiones, aunque estas sean inconscientes y no estén expresadas. Conviene ser consciente de nuestros patrones profundos, de nuestros modelos de vida aprendidos en la infancia. Ser consciente de la energía con la que llegamos a la vida. Incluso de los modelos sociales que dominan a tu alrededor. Simplemente para evitarte dolor, resistencia, gasto energético.

Paralizamos energía y consciencia cuando nos quedamos aferrados a las cosas o a los sitios, a las relaciones.  Quedamos anclados cuando no perdonamos y quedamos resentidos… Entonces una parte de nuestra consciencia queda bloqueada y una cierta energía queda desligada del caudal general y alimenta un sentimiento negativo que se enquista y queda aislado.

Hay personas han basado tanto tiempo de su vida en este tipo de energía enquistada que, desprenderse de ese bloqueo es como renunciar al sentido de su vida y al tiempo que han alimentado estos sentimientos.

Pero la consciencia universal tiende a rescatar toda la energía disgregada. Existen un grado de atracción interno entre la consciencia. Las consciencias elevadas tienden a atraer consciencia y energía. Se convierte en imanes, en catalizadores. Los espacios y los grupos donde se medita, donde se respira de forma consciencia tiende a liberar energías y consciencia. El proceso es imparable y liberador.

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