miércoles, 9 de octubre de 2013


XIV: SIEMPRE HAY UNA DECISIÓN MÁS ELEVADA.

En todos y cada uno de los momentos de nuestra vida tomamos decisiones.  Decisiones aparentemente intrascendentes unas, importantes otras. Todas y cada una de las decisiones que adoptamos en nuestra vida suponen una posibilidad de aprendizaje y de aumentar nuestro nivel de consciencia.

Siempre existe una decisión que aporta más que otra. Una decisión más madura, que se adentra en tu camino de conocimiento. Da igual que sea más o menos importante. Lo fundamental es que las adoptes con un grado de apertura mental y de consciencia personal.

No importa lo nimias o intrascendente que parecen. Son un paso en tu camino. Al final del mismo todas y cada una de las grandes losas y de piedrecitas te ha conducido allí. Un primer reconocimiento de tu consciencia estriba en saber valorar  las pequeñas cosas, en poder dar la importancia que se merece a todo lo que nos rodea.

Para adoptar una buena decisión es importante parar nuestro dialogo interno. Quedarnos en blanco y suspendidos en la vida y esperar que ella la voz que nos conduzca. A veces, es difícil encontrar ese espacio para la introspección  dentro de nuestra vida cotidiana, cuando estamos trabajando o rodeados de personas y parece que se nos exige un grado de prisa en nuestras respuestas.

Pero debemos de sustraernos a esta prisa que parece un requisito para la vida. Está bien constituirnos en una semilla de calma, de paz en el mundo cotidiano. Al igual que la prisa tiene el poder de extenderse como una mancha de aceite. La calma y la paz tienen un profundo poder de conectar con la calma y la paz que habitan en cada uno de nosotros, con la consciencia que habita en cada elemento que nos rodea.

Una vez detenidos, siempre llega una voz que tiene la claridad verdad y de la consciencia. No nos obliga a seguirla. Muchas veces no nos apetece hacer lo que nos dice, no tenemos ganas o se nos olvida. La voz no nos obliga. Podemos avanzar al ritmo que deseemos. Estamos abocados a llegar, a aumentar nuestra consciencia al final de nuestras vidas.  Pero el tiempo que tardemos en llegar lo elegimos nosotros. Elegimos un ritmo.  Elegimos a veces avanzar e incluso periodos en los que retrocedemos. No importa. Llegaremos.

Sólo que cuando nos hemos dejado llevar por cualquier otro motivo ajeno a nuestra consciencia, no tardamos en darnos cuenta. Encontramos un vacío en la acción. Una sensación cercana al absurdo en lo que hacemos. Nos dividimos, nuestra mente está en un lugar y nuestros sentimientos en otro. La pérdida de unidad es una consecuencia palpable de una decisión no consciente.

Relájate. No hay culpa. La vida no es una línea, sino una trama que se entrelaza y cuyos hilos cambian de dirección superponiéndose. Avanza lento y llegaras lejos. El tiempo es un bucle y la paradoja existe. Escucha.

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