jueves, 10 de octubre de 2013


XV. ANGUSTIA DE SEPARACIÓN:

El gran drama en el que se debate el hombre moderno. El principio de todos sus males. La herida irreparable que nos hace fracasar una y otra vez es la angustia de separación.

La escisión primigenia y sus múltiples consecuencias.  La primitiva fractura de una fragmento de consciencia que quedo separado de esa consciencia universal y quedó encarnado en un fragmento de materia orgánica sobre la tierra.

La repetición una y otra de esa experiencia dolorosa de partida. El nacimiento. El túnel negro que nos separó de la paz  húmeda del útero. Los primeros manotazos y el corte del cordón umbilical. Sostenernos en brazos y dejarnos sobre la cuna en una repetida sensación de pérdida.

La pérdida de la infancia: del tiempo infinito donde únicamente importaba el juego sin fin. El abandono de la ingenuidad y la fantasía. El progresivo mutilamiento que comporta convertirse en un adulto.

El abandono de la familia para sumergirse en un mar de juventud, en la que sientes que tienes toda la vida por descubrir. Cuando crees que el mundo lo han creado para ti.

Dejar los estudios y aumentar nuestro grado de responsabilidad. Dejar a los amigos, sin los que pensaste que no podrías sobrevivir. Convertirte en alguien lo suficientemente serio y aburrido que genere la confianza suficiente para detentar un puesto de trabajo.

Superar la asfixia mortal de la ruptura del primer amor. Seguir viviendo sin entender ni el cómo ni para qué continuas respirando. Sentir las entrañas rotas y tener que mantener la sonrisa en el trabajo.

Sentirte mil veces perdido y seguir viviendo sin saber muy bien por qué.

Sentirte dividido entre lo que quieres hacer y lo que puedes hacer, entre lo que te gustaría decir y lo que puedes decir correctamente.

Sentirte escindido entre mente y sentimiento. Entre el deseo y la realidad. Entre el pecado y el placer. Entre el cuerpo y tu espíritu. Como un vaso que se rompe y miles de pequeños fragmentos  y continúa golpeándose indefinidamente.

Y quizá, entender o intuir o tal vez esperar que sea el único camino. Que tras la separación infinita que nos hace olvidar la unidad de consciencia con la vida de la que surgimos, está el encuentro. Que solo a través de un proceso de desapego infinito, en un proceso de limpieza, de lividianidad, está esperando la unión. El regreso ligero, sin cargas, sin compromisos, sin ataduras a la luz de la que procedemos. Cuando ya no queda nada a lo que atarse y sólo permanece inalterable la consciencia interior llamándonos a un vuelo desnudo hacia la luz.

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